El desayuno
Enero 8th, 2009 by admin | No Comments | Filed in Alimentacion, Alimentos, Planes de alimentacion
Al amanecer, el organismo lleva entre 8 y 10 horas sin recibir alimento, y durante toda la noche ha funcionado gracias a las reservas aportadas por la cena.
Con el desayuno, el cuerpo renueva sus reservas energéticas para realizar las actividades de la mañana.
El desayuno es la primera comida del día y, tal como su nombre lo indica, desde el punto de vista fisiológico, interrumpe un periodo de ayuno muy prolongado posterior a las horas de sueño y es la primera oportunidad que el cuerpo tiene para recargar los niveles de glucosa (azúcar en la sangre). Durante el sueño, muchas funciones cerebrales “se ven disminuidas” pero al despertar se reactivan de nuevo y requieren el aporte energético que proporcionan los alimentos que normalmente se consumen en el desayuno: los carbohidratos, las grasas y las proteínas.
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Diariamente el cuerpo absorbe y produce toxinas. Para ocuparse de las que absorbe del exterior, a través de la contaminación ambiental y los alimentos, y de las que él mismo crea, como los radicales libres, las bacterias intestinales y los parásitos, el organismo cuenta con un mecanismo, el sistema depurativo, que a menudo no logra completar su trabajo, lo que a la larga repercute en la salud. Los síntomas de una sobrecarga tóxica son muy variados, como cansancio sin motivo aparente, resfriados interminables, estrés y erupciones cutáneas. Depurarse de vez en cuando ayuda a que el cuerpo se renueve y se recargue de energía, así como a darle un respiro al hígado y a los riñones, los principales órganos que intervienen en los procesos de depuración.
Dentro de las funciones normales o fisiológicas del cuerpo está la producción, transformación y expulsión de gases, así que evitarlos completamente no es posible ni recomendable intentarlo. Ahora bien, su exceso ya sea en la producción o en la expulsión por la vía digestiva (en forma de eructo cuando se expulsa por la boca o como flato o ventosidad por la vía recto-anal) puede incomodar no sólo a quien los expulsa, sino también a quienes lo perciben, incluso por el olor. 