“Choque gastronómico” de un maño en Budapest
Diciembre 2nd, 2009 by admin | No Comments | Filed in Sin categoría
Nuestro adlátere Guillermo Saldaña vuelve de nuevo al blog contándonos su experiencias desde el extranjero, esta vez, desde Budapest. allá va el artículo.
Lo mejor de nuestro arcaico continente, en mi voto, es la riqueza que existe nada mas cruzar una periferia. Poco o nada tiene que percatar la vida en Alemania, con otros países cercanos. Y mi cambera, mismamente, me llevó desde Alemania en torno a el este, en patente en torno a Hungría. Por motivos profesionales, visible está. En Budapest se celebraba un congreso acerca de Procesos, circunspección y Sostenibilidad en la Industria Alimentaria, el EFFoST Conference 2009, y como no, si tiene que ver con manduca, hay que comer, ¿evidente?
Uno de los lugares mas interesantes de Budapest, y no sólo desde el desembarazado gastronómico, es el pósito nuclear. En la planta de abajo encontramos los puestos de comida propios de cualquier mercado, agrupados por “gremios”. Nada mas aparecer nos topamos con la tajada de dulces, con un montón de galletas, pasteles y repostería. Nada tipico, aunque alguna fármaco se puede encontrar, como un padrino de gitano de almendras o chocolate muy denso.

A la izquierda puestos de frutas y verduras y en el pasillo central, lo mas pintoresco, especias, y en concreto, el pimentón o paprika. Es algo tan suyo que hasta lo venden en formato impresión, con su bolsa y una corta pala de madera para servir la dosis. A los que nos interesa el producto y no el merchandising, podemos encontrarlo embolsado a menor valía, tanto gollería como picante.
Si seguimos caminando en torno a el fondo llegamos a las carnes. A parte de los curados (salchichón, tambien muy húngaro), lo que más me llamó la precaución fue la carne cruda. Se vende, y por supuesto, compran, muchas vísceras. Pude reconocer sin problemas hígados enteros, pero además riñones, corazones… sobretodo de rumiantes. Y sin salirnos de este miembros de animales, también pude ver como vendían las diferentes partes del estómago, en gresco (rumen o panza, retículo o retículo, omaso o libro y abomaso o cuajar).

La planta de arriba son tan solo unos pasillos y pasarelas desde las cuales se puede ver la tajada de abajo, y donde podemos averiguar, sobre todo, puestecitos de recuerdos, ropa (y no me refiero evidentemente a Zara) y comida preparada.
Puestos de cerveza, refrescos, bebidas varias, y lo que más me interesa a mí, nutriente. segunda vez platos en concreto se llevaron mi cortesía. El goulash es un cocido húngaro que consta de carne de bovino macerada y cocida despaciosamente, con patatas y un caldo con gran cantidad de pimentón. Es tremendamente suculento, no idóneo para paladares refinados. No es picante, pero sí, como digo, muy sabroso. La carne no tiene exclusivo relevancia en este plato adeudado a la cantidad de especias que lleva, y a que está cocida, pudiendo estar de moda carne de menor tipo. De cualquier manera, para los que les guste compulsar cosas distintas, con ingredientes conocidos (no estoy hablando de comer perro a la parrilla), es un plato muy beneficioso.

Pero mucho más me chocó el Langos, otra división de Budapest. Consiste en una estofa de pizza en la que lo más irregular es la masa. Ésta está hecha a base de potingue de churrería (de hecho sabe justamente igual que los churros, si no se le acompaña de nada más), pero en sede de ser alargada, es plana, del tamaño de un plato. Encima se puede poner lo que se quiera, por pauta salsa hugaresa (a pulvínulo de tomate, salchichas y maiz), o pinrel con pierna cocido y salsa de nata (parecido a los platos griegos), o cualquier otro acompañamiento, inclusive flojo.
Es un plato inquietante, al menos para mí, que no esperaba teñir el sabor de los churros con el de las salchichas. Resulta un poco sebáceo, ya que el pan está frito, y los acompañamientos son de todo, a excepción de light. Merece la pena probarlo, no obstante sea compartido. Yo me comí uno inconmovible y me llenó para lo que quedaba de día.

Y si lo que buscamos en Budapest es algo más refinado sin desentenderse la descripción, ahí va mi recomendación: bar Menza, en Liszt Ferenctér, cerquita de la plaza Oktogon. Tienen platos típicos húngaros, los camareros son todos masa pipiolo siempre con una sonrisa en la cara y dispuestos a aconsejar a la hora de elegir. Es carillo para lo que podemos encontrar por allá, pero yo pude cenar de deleite, en cuanto a calidad y puntuación, por unos 12 euros (unos 3200 florines, al cambio). Y no voy a comentar más de este parte, que no me llevo comisión, y es mejor que quien vaya a ir, lo descubra por sí mismo.
Estoy pensando que en cuanto regrese a España me va a faltar vigencia para preparar un churro desembarazado. Los churros contemporaneidad tienen un actual amigo en ocupación del chocolate, ¡las salchichas con tomate!


