La nutrición de los abuelos
Febrero 10th, 2009 por admin | Publicado en Alimentacion, Planes de alimentacion.
El envejecimiento poblacional se define como el crecimiento proporcional del número de personas de edad avanzada en el total de la población. Este grupo de mayores de 60 años ocupa un lugar cada vez más importante en la pirámide poblacional mexicana, puesto que si en el año 2000 lo integraban más de 6 millones de personas, y cada año ingresan a él unas 400 mil, para el 2010 estará formado por 10 millones de individuos.
Una consecuencia lógica de este incremento en el número de adultos mayores es el aumento en la incidencia de enfermedades crónicas que se aliviarían con una mejor nutrición. El problema es que 50% de ellos sufre enfermedades degenerativas (relacionadas con un desequilibrio en los mecanismos de regeneración), 42% han enviudado, sólo 18% recibe pensión y en 90% de los casos, un salario mínimo.
Esta situación, determinada por factores económicos, sociales y educativos, se refleja en el estado nutricional de los ancianos, que muy a menudo presentan alteraciones importantes como resultado de una dieta desequilibrada. En este sentido, un factor agravante, y por lo general contrario a la desnutrición, es el sobrepeso; cuya incidencia en hombres y mujeres entre los 60 y 69 años es de 45.3 y 40.1%, respectivamente; y en el caso de la obesidad, mientras que en los hombres es de 18.2%, en las mujeres alcanza 33.2%. Esta situación se relaciona con problemas cardiovasculares, hipertensión, diabetes, así como con enfermedades articulares degenerativas y afecciones de la vesícula biliar, entre otros.
La desnutrición es un trastorno que resulta del desequilibrio entre el aporte de nutrientes y las necesidades del individuo, cuyo origen puede estar en una dieta inapropiada o en la incorrecta asimilación de los nutrientes ingeridos. Cualquiera que sea su causa, la desnutrición en los ancianos tiende a provocar el deterioro rápido e importante de su función inmunológica. En este sentido, diversos estudios muestran que, en general, los ancianos que viven en sus hogares están desnutridos, problema aún mayor entre quienes se encuentran recluidos en hospitales y asilos.
Indicadores del estado nutricional
Talla. La reducción de la estatura es una de las alteraciones más obvias del anciano normal, ya que se manifiesta a partir de los 50 años y es progresiva desde los 30 a los 70. Si en los hombres el promedio de esta pérdida es de 3 cm, en las mujeres es de 5 cm, pero al llegar a los 80 años, el hombre puede haber perdido unos 5 cm y la mujer, hasta 8.
Peso. Aunque por lo común el peso disminuye después de los 65 o 70 años, es importante conocer los cambios normales para poder evaluar tanto el posible riesgo de desnutrición como la obesidad.
Contorno de la cintura-cadera. Conforme los años pasan, la grasa del cuerpo aumenta y se redistribuye, en la parte central del cuerpo pero nadie sabe con exactitud el porqué.
Circunferencia muscular de los brazos. Esta medida que se toma alrededor del brazo da idea de las reservas de energía y proteína estática. A partir de los 50 años muestra una ligera disminución en los hombres, mientras que en las mujeres aumenta entre los 18 y los 64 años, cuando empieza a reducirse ligeramente.
Factores de desnutrición
Para poder entender el problema de la desnutrición es importante saber que, con el paso del tiempo, los mayores tienden a comer menos por diversos factores, entre los cuales destacan los físicos, fisiológicos, sociales y psicológicos, además de los socioeconómicos.
Cambios fisiológicos
La edad afecta prácticamente todos los órganos y sistemas, por ejemplo, si el sistema nervioso disminuye las funciones motoras, en el aparato digestivo los cambios son aún mayores, ya que el número de papilas gustativas y terminaciones olfativas se reduce, por lo cual hay una menor percepción de lo dulce o salado y de los sabores; las encías se inflaman y sangran con facilidad, las prótesis dentales se adaptan mal, por lo que muchos ancianos sólo tienen 25% del poder de masticación; la saliva se vuelve escasa y espesa, la secreción de ácido clorhídrico en el estómago disminuye y las defensas naturales de la mucosa pierden calidad, lo que a su vez propicia erosiones, mientras la velocidad del vaciamiento gástrico se reduce y aumenta la población bacteriana en el intestino, con la consecuente formación de gases; en cuanto a la función hepática y biliar, hay un menor flujo sanguíneo en el cuerpo, lo que dificulta la eliminación de los medicamentos. Con todo esto no es difícil comprender la razón por la cual en un cierto momento de la vida se come menos, se dispone de menos vi-taminas, minerales y proteínas en el cuerpo, e incluso quizá sea necesario reducir la ingesta de fármacos.
Causas sociales y económicas
En cuanto a éstas, las de mayor peso en la desnutrición de los ancianos son la pobreza, la discapacidad, la soledad, la falta de educación nutricional, las preferencias individuales, además de los factores institucionales y sus dietas.
Causas psicológicas y médicas
Se pueden resumir en demencia, depresión, alcoholismo, aburrimiento, mientras los factores médicos principales son la polifarmacia (ingesta de múltiples medicamentos), la aceleración del metabolismo, la mala absorción intestinal y las causas mixtas, como podrían ser el cáncer y la enfermedad de Parkinson.
Indicadores de riesgo de desnutrición
Existen determinados indicadores que hablan de la posible presencia de desnutrición; entre ellos podemos nombrar los clínicos, como la palidez, la resequedad de la piel, el edema (inflamación por retención de líquidos), la deshidratación y la pérdida del apetito, así como los antropométricos, ya mencionados, que se resumen en la pérdida involuntaria de peso correspondiente a 5% del habitual en un mes, 7.5% en tres meses o 10 % en seis meses; un peso bajo en función de la talla, o sea, un 20% menor que el ideal, un índice de masa corporal inferior a 22 y una circunferencia de brazo que no alcanza el valor correspondiente al percentil 10. Entre los indicadores bioquímicos se encuentran un nivel de albúmina sérica inferior a 3.5 mg/dl y un índice de colesterol que no llega a los 160 mg/dl.
Entre los funcionales se cuenta la pérdida de independencia del anciano así como su discapacidad física o emocional. Los dietéticos tienen que ver con una ingestión de cantidades inadecuadas de alimentos y los sistémicos, con la pérdida de apetito (anorexia), de tejido muscular (sarcopenia), así como en la calidad de vida.
Consecuencias de la desnutrición
- Inmunodeficiencia y aumento de la incidencia de infecciones.
- Anemia.
- Sarcopenia, misma que se caracteriza por tener menos fuerza y masa muscular, lo que puede ocurrir sin que el peso y la masa grasa cambien. Es un trastorno que aparece en más de un tercio de los hombres y mujeres mayores de 70 años; provoca debilidad, caídas, limitaciones funcionales, inmovilidad y fracturas.
- Caquexia, la cual se distingue por la pérdida simultánea de masa muscular y grasa, al mismo tiempo que se conserva el agua extrace-lular, por lo que el peso podría no variar. Se puede acompañar con una respuesta inflama-toria condicionada por una enfermedad crónica o cáncer.
- Fragilidad, un término nuevo y difícil de definir que trata de englobar las alteraciones que sufre el anciano; se identifica por una pérdida de peso de 5 kg o más en un año, astenia, adinamia, reducción de la fuerza muscular, velocidad de la marcha y la actividad física en general.
- Menor respuesta a los medicamentos.
- Estancias hospitalarias prolongadas.
- Aumento de la mortalidad.
- Desgaste físico y emocional.
Recomendaciones generales
- Mantener un peso corporal adecuado, porque si se reconocen los beneficios de este punto, es más fácil prevenir los padecimientos crónico-degenerativos.
- Mantener una dieta variada sin suprimir alimento alguno, más bien se debe cuidar su preparación y seleccionar lo que mejor se adapte a las condiciones económicas y fisiológicas individuales. Se recomienda comer a diario verduras, frutas y cereales, que a su vez aportan fibra; productos lácteos bajos en grasa, carnes magras y leguminosas.
- Tomar líquidos en abundancia, lo cual implica beber entre uno y dos litros de agua al día. El agua actúa como medio de transporte de nutrimentos, constituye parte de las sustancias del organismo y permite eliminar los desechos. Algunos adultos mayores no tornan el agua suficiente e incluso se llegan a deshidratar, sobre todo en épocas de calor.
- Limitar el consumo de sodio porque provoca el incremento de la presión arterial. El sodio es un mineral que se encuentra de manera natural en algunos alimentos, sobre todo en la sal, por lo cual hay que reducir la comida salada, procesada e industrializada.
- Por otra parte, para una mejor alimentación, conviene limitar los azúcares refinados como azúcar, miel, jugos, cajeta, mermelada, pastelitos, dulces, etcétera.
- Mantener la actividad física. El ejercicio físico es decisivo para la salud de las personas mayores, ya que una de las características del proceso de envejecimiento es la pérdida de tejido muscular, lo cual se detiene con la actividad física regular y consistente.
- Fomentar la preparación y el consumo de los alimentos en compañía, porque comer es la actividad social que más se disfruta, por tanto, es bueno que los familiares, cuidadores y amigos compartan los alimentos con los ancianos. La soledad se refleja fácilmente en la pérdida del apetito.
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